La ruta de Juan Sisto comenzó en Chile y acabó en el Norte, en Alaska. Podía haber sido de cualquier otra forma porque como él mismo cuenta, “siempre sujeta a cambios imprevistos, inspiraciones de última hora o cualquier motivación”. Porque la meta no es un destino, si no el camino, la historia de Juan va más allá del número de miles de kilómetros recorridos. Tras más de dos años compartiendo sonrisas con sus pedaladas, el viaje de Juan se ha convertido en una forma de vida, un recorrido con un horizonte que mira hacia el norte.